Ilustre y Venerable Congregación de Jesús Nazareno y el Santo Entierro
La Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santo Entierro es una de las cofradías más antiguas y veneradas de la Semana Santa de Salamanca. Fundada en 1689, esta hermandad atesora más de tres siglos de historia y una de las imágenes más emblemáticas de la ciudad: el Jesús Nazareno de San Julián, cuya mirada cautivadora ha atravesado generaciones de salmantinos. Su sede canónica en la parroquia de San Julián y Santa Basilisa alberga un patrimonio escultórico excepcional que incluye obras maestras del barroco salmantino y del siglo XX.

Foto: Wikimedia Commons.
Cada tarde del Viernes Santo, cuando las campanas de San Julián anuncian la salida procesional, los congregantes con sus túnicas moradas de holandilla, sus coronas de espinas y sus cruces al hombro, recorren las calles del casco histórico salmantino en uno de los espectáculos de fervor más conmovedores de la Pasión charra. La procesión, acompañada por dos magníficas bandas de música, destaca por el singular andar de los portadores del Nazareno y por la solemnidad del grupo escultórico del Santo Entierro.
Contenido
- 1 Raíces históricas y fundación
- 2 El encargo del paso propio y el conflicto con la Vera Cruz
- 3 Evolución histórica
- 4 El siglo XX: renovación
- 5 La sede canónica
- 6 El hábito nazareno
- 7 Patrimonio escultórico
- 8 Salida procesional y recorrido del Viernes Santo
- 9 Composición del cortejo y acompañamiento musical
- 10 Actos y cultos en el año
- 11 Curiosidades relevantes
- 12 Preguntas frecuentes
- 13 Enlaces de interés
- 14 Cofradías
- 14.0.1 Cofradía de la Oración en el Huerto de los Olivos
- 14.0.2 Congregación de Nuestro Padre Jesús Divino Redentor Rescatado y Nuestra Señora de las Angustias
- 14.0.3 Hermandad de Jesús Amigo de los Niños
- 14.0.4 Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad
- 14.0.5 Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón
- 14.0.6 Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis
- 14.0.7 Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo
- 14.0.8 Hermandad de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas
- 14.0.9 Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz
- 14.0.10 Hermandad del Silencio
- 14.0.11 Hermandad Dominicana del Stmo. Cristo de la Buena Muerte, N. P. Jesús de la Pasión, Ntra. Sra. de los Dolores y Ntra. Sra. de la Esperanza
- 14.0.12 Hermandad Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad
- 14.0.13 Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Señora Madre de la Sabiduría
- 14.0.14 Ilustre Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Concepción
- 14.0.15 Ilustre y Venerable Congregación de Jesús Nazareno y el Santo Entierro
- 14.0.16 Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora
- 14.0.17 Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario
- 14.0.18 Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía
Raíces históricas y fundación
Los orígenes de esta congregación se remontan al siglo XVII y están íntimamente ligados a la Cofradía de la Vera Cruz, la hermandad más antigua de Salamanca. En aquella época, la Vera Cruz organizaba el Miércoles Santo una procesión con la imagen de Jesús con la Cruz a Cuestas, conocida popularmente como el «Nazareno Chico», que aún hoy sigue desfilando con dicha cofradía.
Devotos que acompañaban ese desfile del miércoles, sin pertenecer a la Cofradía de la Vera Cruz, observaron que los cofrades que participaban el Jueves Santo en la procesión de disciplina no acompañaban a la misma imagen de forma suficientemente decorosa. Movidos por un profundo sentimiento penitencial, decidieron integrarse en el desfile vestidos de manera similar a los disciplinantes: con túnica de tafetán azul o morado y soga de esparto al cuello, portando además una cruz al hombro como ejemplo de penitencia y sacrificio.
Estos devotos, que no pertenecían a la Vera Cruz pero compartían su fervor por Cristo Nazareno, fundaron oficialmente la Congregación en el Convento de San Francisco el Real, sede de la Vera Cruz, el 11 de noviembre de 1688. La erección canónica definitiva llegó el 1 de mayo de 1689, lo que convierte a esta hermandad en la segunda cofradía más antigua de Salamanca, tras la propia Vera Cruz.
El encargo del paso propio y el conflicto con la Vera Cruz
En sus primeros años, la Congregación del Nazareno acompañaba las procesiones de la Vera Cruz sin paso propio, limitándose a desfilar con penitentes portando cruces. Sin embargo, en 1715, la Congregación tomó la decisión de encargar su propio paso escultórico, lo que desencadenaría uno de los conflictos cofrades más sonados de la historia salmantina.
La Congregación encargó la hechura de un grupo de ocho figuras representando el momento del encuentro de Jesús con las hijas de Jerusalén en su camino al Calvario. La imagen principal del Nazareno fue encargada al prestigioso escultor José de Larra Domínguez (también conocido como José de Larra Churriguera por su matrimonio con Mariana de Churriguera). El paso desfiló por primera vez el Jueves Santo de 1716, siendo bendecido solemnemente por el obispo junto con el conjunto completo de «Las Hijas de Jerusalén».
El encargo de un paso propio generó una fuerte discordia con la Cofradía de la Vera Cruz, que poseía el privilegio real concedido por Felipe II para organizar en exclusiva los desfiles de Semana Santa en Salamanca. La Vera Cruz consideró que la Congregación del Nazareno estaba invadiendo sus prerrogativas al organizar procesiones independientes con un paso que no era propiedad de la cofradía madre. Como resultado de este conflicto, la Congregación fue expulsada del Convento de San Francisco, viéndose obligada a trasladarse al Colegio de Clérigos Menores de San Carlos Borromeo.
A partir de ese momento, la Congregación abandonó las procesiones de la Vera Cruz y comenzó a organizar desfiles independientes. Los litigios persistieron durante años, hasta que finalmente se alcanzó un acuerdo. El 24 de marzo de 1724 se firmó la Concordia entre ambas cofradías con la mediación del obispo Silvestre García Escalona y caballeros comisionados por la ciudad. La Congregación se reintegraba en los desfiles de la Vera Cruz, que por su parte aceptaba que en sus procesiones participase un paso que no era de su propiedad.
Ese mismo año de 1724 se acortó el paso del Nazareno en dos varas, reduciéndose el número de figuras de ocho a cinco, configuración que ha perdurado hasta nuestros días. En 1735 se incorporó al paso la imagen de la Virgen arrodillada, aunque fue retirada en 1746 por considerarse que restaba visión al Nazareno.
Evolución histórica
En 1794 se encargó la actual imagen mariana que acompaña al Nazareno, tallada por Antonio Hernández sobre dibujo y modelo en barro de Jerónimo García de Quiñones. La imagen fue policromada por José García Rico y estrenada en la procesión de 1797. Esta Virgen, arrodillada ante su Hijo en actitud de dolorosa compasión, completó definitivamente el conjunto escultórico que hoy conocemos como «Jesús en la Calle de la Amargura».
Un acontecimiento crucial para la Semana Santa salmantina tuvo lugar en 1805, cuando el obispo Tavira llevó a cabo una reforma litúrgica que cambiaría radicalmente la organización de los desfiles. Tavira refundió todas las procesiones de miércoles, jueves y viernes en una sola: la Procesión General del Santo Entierro, que se celebraría la tarde del Viernes Santo tras el Acto del Descendimiento. A partir de ese momento, la Congregación de Jesús Nazareno quedó definitivamente integrada en este gran desfile conjunto.
La Guerra de la Independencia (1808-1814) trajo consecuencias dramáticas para la Congregación. Debido a la extinción de colegios y conventos que se produjo durante el conflicto, la hermandad tuvo que trasladar sus imágenes primero al Convento de las Agustinas en 1809. Un año después, la Congregación fue disuelta por las autoridades. En 1811, las imágenes se trasladaron definitivamente a la Iglesia de San Julián y Santa Basilisa, templo que desde entonces ha sido su sede canónica permanente.
En 1812 se solicitó formalmente la restauración de la Congregación, pero debido a la guerra, esta no se produjo hasta el 15 de agosto de 1814, estableciéndose definitivamente en la parroquia de San Julián. Durante el siglo XIX y principios del XX, la congregación fue la más numerosa de las cuatro existentes en la ciudad, gozando de gran prestigio y arraigo popular.
En 1938, en plena Guerra Civil, el obispo Plá y Deniel promovió una procesión extraordinaria rogativa con el paso del Nazareno hasta la Catedral, pidiendo por el fin del conflicto. Esta salida excepcional se celebró el Domingo de Pasión y constituyó un momento de intensa emotividad en tiempos difíciles para la ciudad.
El siglo XX: renovación
En 1942, la Congregación decidió encargar un nuevo paso al reputado escultor bejarano Francisco González Macías, representando el Santo Entierro de Cristo. El grupo escultórico, compuesto por siete figuras en madera tallada, fue estrenado al año siguiente en 1943 y marcó el inicio de una nueva etapa para la hermandad, que desde entonces incorporaría esta advocación a su denominación oficial.
Los años setenta constituyeron un periodo de profunda crisis para la Semana Santa salmantina, y la Congregación del Nazareno no fue una excepción. El paso del Santo Entierro dejó de desfilar y apenas quince hermanos participaban en la procesión. Sin embargo, el paso del Nazareno mantuvo siempre sus cargadores y nunca fue necesario sacarlo a ruedas, como sí sucedió con la mayoría de los pasos de la ciudad, testimonio del arraigo popular que nunca perdió esta imagen.
En 1978 comenzó la recuperación gracias a medidas democratizadoras como la equiparación de derechos entre diputados y hermanos de carga (anteriormente había distinción de categorías) y el permiso para admitir mujeres vistiendo el hábito de congregante a partir de 1982. Anteriormente las mujeres solo podían ser «hermanas de devoción» sin portar el hábito ni participar plenamente en la vida cofrade.
En 1989 se recuperó para el desfile el paso del Santo Entierro que llevaba años sin procesionar, añadiéndose su titulación a la denominación oficial de la Congregación. Desde entonces, la hermandad porta oficialmente el nombre completo: «Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santo Entierro».
La sede canónica
La parroquia de San Julián y Santa Basilisa constituye el corazón espiritual de la Congregación desde 1811. Este templo, situado en la calle Obispo Jarrín, muy cerca de la Plaza del Mercado y del casco antiguo, alberga las dos imágenes titulares y constituye el punto de partida y llegada de la procesión del Viernes Santo.
La iglesia presenta una arquitectura sobria pero de gran valor histórico. Su interior, de una sola nave, permite contemplar las imágenes del Nazareno y del Santo Entierro en sus respectivos espacios, donde reciben culto durante todo el año. Los fieles pueden acudir a venerar las imágenes, especialmente en fechas señaladas como el tradicional besapiés que se celebra anualmente en vísperas de la Semana Santa.
La salida de la procesión por la estrecha puerta de la iglesia constituye uno de los momentos más esperados y emocionantes del Viernes Santo salmantino. Antiguamente las casas estaban pegadas al templo, lo que hacía que el paso del Nazareno saliese «justito», en palabras de sus hermanos mayores, añadiendo dramatismo al momento inaugural de la procesión.
El hábito nazareno
El hábito de la Congregación constituye uno de los elementos más característicos e históricos de la Semana Santa salmantina. La hermandad mantiene desde su fundación el mismo diseño de vestimenta, que ha permanecido prácticamente inalterado durante más de trescientos años, lo que convierte a estos nazarenos en auténticos viajeros en el tiempo.
Un documento de 1724 lo describe con precisión: «túnica de holandilla morada, capillo de lo mismo, soga de esparto al cuello, corona de espinas y rosario en la mano». Este hábito penitencial refleja el espíritu original de sacrificio y humildad que movió a los fundadores de la Congregación.
La vestimenta se compone de túnica de cola de holandilla morada, con capillo (verdugo) de la misma tela y color. Al cuello llevan cíngulo amarillo, símbolo de la humillación de Cristo atado como un reo. En la cabeza portan corona de espinas, recordando uno de los momentos más dolorosos de la Pasión. El elemento distintivo que se añadió posteriormente es una ligera cruz de madera con remates de metal que los congregantes llevan al hombro, emulando el camino de Jesús hacia el Calvario.
Un detalle extraordinario y poco conocido es que, según marcan los estatutos de la congregación, la mortaja de los hermanos será la túnica de Jesús Nazareno. Muchos congregantes se hacen enterrar con este hábito, manifestando así su identificación total con Cristo crucificado y su pertenencia a la hermandad más allá de la muerte.
Patrimonio escultórico
Jesús en la Calle de la Amargura – Jesús Nazareno
El grupo escultórico «Jesús en la Calle de la Amargura», más conocido popularmente como el «Nazareno de San Julián», constituye el conjunto más señero y suntuoso de la Semana Santa salmantina. Consta de cinco figuras en madera policromada, destacando la impresionante imagen central de Jesús Nazareno, obra cumbre del escultor José de Larra Domínguez realizada en 1716.
La imagen principal es una talla de las denominadas «de vestir», es decir, solo están talladas la cabeza, los brazos y las piernas, representando a Jesús portando la cruz camino del Calvario en el momento de su encuentro con la Virgen María. Se trata de una obra maestra del barroco salmantino que manifiesta con extraordinaria viveza la inocencia, belleza y amor de Cristo entregándose voluntariamente al sacrificio.
El Nazareno desfila abrazado a la cruz sin apenas rozarla, ya que las manos no llegan a tocar la madera ni su peso descansa en ellas. La cruz misma no es un instrumento de tortura realista, sino que está pintada con aguas simulando marquetería e incluso tiene cantos de plata en sus remates. Se trata de un símbolo idealizado, no una representación dramática del sufrimiento.
Cristo viste túnica morada con adornos bordados en oro, realizada por las Adoratrices en 1948 y donada por una familia de la Congregación. En 2018 se presentó una nueva túnica de procesión, también de cola y sin ceñir a la cintura como la anterior. Realizada en terciopelo morado, presenta bordados serranos y charros en oro, recuperando la tradición de los bordados locales del siglo XVI. Esta excepcional pieza fue bordada a mano por las hermanas Carmen y Charo Mateo Corcho, bajo diseño de Manuel Jesús García Bellido. Existe además una túnica histórica datada en 1790, encargada por la Junta de Gobierno «de lo mejor, más serio y respetuoso», que se exhibe en ocasiones especiales como el besapiés.
La imagen porta corona de espinas realizada en metal dorado, siguiendo la iconografía de Cristo Rey de los judíos. No hay apenas sangre visible, salvo la que flanquea el rostro proviniendo de las heridas de la cabeza, aunque en ningún caso llega a ser dramática. Toda la fuerza expresiva de la figura se centra en la mirada, elemento que ha cautivado a generaciones de salmantinos.
La mirada de Jesús Nazareno constituye el elemento más comentado y admirado de la talla. Una mirada perdida pero a la vez penetrante, que parece dirigirse a cada persona que la contempla de forma individual. Los devotos afirman que «te mira y te está hablando», transmitiendo el simbolismo de la entrega del Hijo de Dios por cada ser humano. Es, en palabras bíblicas, el Cordero llevado al matadero, pero con dignidad y majestad reales.
Acompañando a Jesús Nazareno, la Virgen María, tallada por Antonio Hernández en 1797 sobre diseño de Jerónimo García de Quiñones, aparece arrodillada ante su Hijo en actitud de dolorosa compasión. Su rostro refleja la angustia contenida de una madre que presencia impotente el camino hacia la muerte de su hijo. La policromía, obra de José García Rico, aporta gran realismo a la escena.
Completan el paso tres figuras anónimas incorporadas a lo largo del siglo XVIII, que se cree pertenecen al taller de José de Larra Churriguera, aunque su calidad artística es inferior a la de la figura principal. El Cirineo aparece ayudando con la cruz, símbolo de quienes ayudan a Cristo en su camino. Un sayón o judío, con los clavos para la crucifixión visibles en el cinturón, tira en la delantera del cíngulo que lleva el Nazareno al cuello. Un soldado romano con coraza y tocado idealizado completa el grupo, simbolizando el poder terrenal que condena a Cristo.
Estas figuras secundarias son de madera policromada y, a excepción del Cirineo, portan armas muy vistosas: el soldado lleva al hombro una pica y cuelga de su cinto una espada; el judío porta cimitarra y exhibe los tres clavos. Representan rostros del siglo XVII con barbas y bigotes de época, pero vestidos de forma idealizada. Sus facciones están deformadas, aunque sin llegar a la caricatura extrema de otros personajes de la Pasión salmantina.
El paso desfila portado a hombros sobre andas talladas en madera estrenadas en 1910 y mejoradas en 1927. El Nazareno cuenta con dos turnos de carga de 28 hermanos cada uno, que portan el paso con carga interior. La imagen es alumbrada por los mismos faroles históricos que aparecen en el grabado que realizara Manuel Salvador Carmona en 1806 por encargo de la Congregación, auténticas piezas de orfebrería religiosa que han iluminado al Nazareno durante más de dos siglos.
El Santo Entierro
El grupo escultórico del Santo Entierro es una obra del imaginero bejarano Francisco González Macías, tallada en 1942 y estrenada en la procesión de 1943. Representa el momento del entierro de Cristo con siete figuras en madera cuya distribución sobre el paso ha ido variando a lo largo de los años, aunque siempre manteniendo la esencia narrativa del conjunto.
El motivo principal lo forman José de Arimatea y Nicodemo, los dos discípulos secretos de Jesús que, tras la crucifixión, obtuvieron permiso de Pilato para retirar el cuerpo del Señor y darle sepultura. Ambos portan el cuerpo inerte de Cristo envuelto en el sudario blanco, avanzando solemnemente hacia el sepulcro. La postura de Cristo yacente, con su laxitud característica de la muerte, refleja con gran acierto anatómico el momento posterior al descendimiento.
Detrás de ellos aparece San Juan Evangelista, el discípulo amado, que consuela a la Virgen María. El gesto de San Juan, protector y compasivo, contrasta con la expresión de dolor contenido de María, cuyo rostro refleja una pena infinita pero dignamente soportada. La relación entre estas dos figuras recrea magistralmente el pasaje evangélico en que Jesús, desde la cruz, confía su madre a Juan y a Juan su madre.
Completan el grupo dos figuras femeninas: una mujer mayor con un ánfora, que puede representar a María de Cleofás o María Salomé (las otras dos Marías que acompañan a la Virgen en el Calvario), portando perfumes para ungir el cuerpo; y María Magdalena, la penitente convertida en fiel seguidora de Cristo. Esta última presenta una posición peculiar, con el brazo derecho levantado y desprovista del característico tarro de ungüento, lo que ha llevado a algunos a identificarla erróneamente con la figura de un ángel.
El conjunto recuerda el trágico momento del entierro de Cristo conforme lo narran los Evangelios, transmitiendo una solemnidad serena que contrasta con el dramatismo del Nazareno. Francisco González Macías demostró en esta obra su dominio de la anatomía y su capacidad para crear composiciones equilibradas y emocionalmente expresivas. La técnica de talla directa característica del escultor bejarano aporta frescura y vitalidad a las figuras.
El paso del Santo Entierro desfila sobre andas realizadas para la recuperación del grupo en 1989, siguiendo el estilo de las del Nazareno pero más sencillas. Es portado por 40 hermanos en un solo turno de carga. El ritmo pausado y solemne con que avanzan los portadores convierte el paso del Santo Entierro en uno de los momentos más conmovedores de la tarde del Viernes Santo salmantino.
Salida procesional y recorrido del Viernes Santo
La procesión de la Congregación de Jesús Nazareno tiene lugar la tarde del Viernes Santo a las 18:00 horas desde la iglesia de San Julián y Santa Basilisa. Esta es una de las salidas más esperadas por los salmantinos, que se congregan en las inmediaciones del templo para presenciar el momento en que el Nazareno atraviesa la estrecha puerta de la iglesia.
El recorrido procesional parte de San Julián por la calle Obispo Jarrín hasta la Plaza del Mercado. Desde allí, el cortejo avanza por la Plaza del Poeta Iglesias para acceder a la emblemática Plaza Mayor, donde recorre el perímetro completo del ágora charra, permitiendo a cientos de espectadores contemplar el paso desde los balcones y soportales. Esta modificación, incorporada en años recientes, evita coincidencias con otras procesiones y permite que el Nazareno luzca en todo su esplendor en el corazón monumental de la ciudad.
Tras abandonar la Plaza Mayor por el arco correspondiente, la procesión desciende por la Plaza del Corrillo hasta las calles Juan del Rey y Prado, para dirigirse hacia la Plaza de Monterrey, uno de los conjuntos monumentales más destacados del Renacimiento salmantino. Desde allí, el cortejo remonta la calle Compañía hasta la Rúa Antigua, tramo especialmente emotivo por la pendiente que los portadores deben superar. Como señalan los propios hermanos mayores, «ver subir estos dos pasos, con la forma tan especial que tienen de andar los nazarenos», constituye uno de los momentos más emocionantes de toda la procesión.
El itinerario continúa por la calle Francisco Vitoria hasta alcanzar la Plaza de Anaya, donde la procesión se incorpora al recorrido conjunto que desde 2022 comparten las cuatro cofradías que desfilan la tarde del Viernes Santo (Vera Cruz, Jesús Nazareno, Oración del Huerto y Trinidad). Este tramo compartido, que discurre por la Rúa Mayor entre las 19:30 y las 21:00 horas aproximadamente, crea un efecto visual impresionante al ver desfilar de forma ininterrumpida decenas de pasos e imágenes.
Tras recorrer la Rúa Mayor, el cortejo se dirige por la calle Quintana de nuevo hacia la Plaza del Poeta Iglesias, Plaza del Mercado y calle Obispo Jarrín, cerrando así el circuito y regresando a la iglesia de San Julián. La duración total del recorrido es de aproximadamente 4 horas y 30 minutos.
Una particularidad del recorrido es la zona acotada sin ruidos ni música que se establece en la calle Prior (desde la calle Prado hasta la Plaza de Monterrey) destinada a personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista), una iniciativa que refleja la sensibilidad de la Congregación hacia la inclusión y la accesibilidad.
Composición del cortejo y acompañamiento musical
El cortejo procesional de la Congregación del Nazareno sigue un orden tradicional cargado de simbolismo. Abre la marcha la cruz guía con dos faroles, seguida por los hermanos congregantes que desfilan de dos en dos, portando sus túnicas moradas, sus coronas de espinas y sus cruces al hombro. Esta imagen de cientos de nazarenos avanzando en silencio, solo interrumpido por el roce de las túnicas y el golpear de las cruces de madera, resulta profundamente conmovedora.
A continuación desfila el estandarte del paso de Jesús Nazareno, realizado en terciopelo morado e hilo de oro por las hermanas Carmen y Charo Mateo Corcho, y presentado en 2019. La pintura sobre lienzo que figura en la parte delantera es obra de la artista salmantina María de la Vega López Ruano, hermana de la Congregación, que representa al Nazareno de frente con extraordinaria fidelidad.
El primer paso en salir es el de Nuestro Padre Jesús Nazareno, portado por 28 hermanos en el primer turno e igual número en el segundo. La forma tan peculiar de andar de los portadores del Nazareno, con su balanceo característico y su paso lento y majestuoso, es una de las señas de identidad de esta procesión. El paso es acompañado por la Agrupación Musical María Santísima de la Estrella de Carbajosa de la Sagrada, que interpreta marchas fúnebres que realzan la solemnidad del momento.
Tras el Nazareno desfila el estandarte del Santo Entierro, también obra de las hermanas Mateo Corcho, presentado en 2021. Este estandarte, bordado en hilo de oro sobre terciopelo morado con motivos charros, incluye en su parte posterior la leyenda: «Jesús en el Santo Entierro 1943». La pintura del lienzo, nuevamente de María de la Vega López Ruano, reproduce la figura central del paso de Francisco González Macías.
Cierra la procesión el paso del Santo Entierro, portado por 40 hermanos en un solo turno de carga. El ritmo dulce y tranquilo con que avanza este paso, llevando a Cristo ya muerto rumbo a la sepultura, contrasta con el dramatismo del Nazareno y aporta una dimensión de serenidad dolorosa a la procesión. El acompañamiento musical corre a cargo de la Banda de Música Ciudad del Tormes, cuyas marchas procesionales complementan perfectamente el carácter solemne del cortejo.
Actos y cultos en el año
La vida devocional de la Congregación no se limita a la Semana Santa, sino que se extiende a lo largo de todo el año litúrgico con diversos actos de culto y piedad. El más destacado es el tradicional besapiés a Jesús Nazareno, que se celebra anualmente en fechas próximas al inicio de la Cuaresma, generalmente el primer sábado tras el Miércoles de Ceniza.
Durante este acto, la iglesia de San Julián permanece abierta de manera ininterrumpida desde las 10:00 hasta las 21:00 horas, permitiendo a los fieles acercarse a venerar la imagen del Nazareno. En ocasiones especiales, como sucedió en 2025, la imagen viste la túnica histórica datada en 1790, permitiendo a los devotos contemplar una auténtica joya de la orfebrería textil salmantina. El besapiés supone una ocasión única para contemplar la imagen de cerca, apreciando detalles de la talla que durante la procesión pueden pasar desapercibidos por la distancia y el movimiento.
La Congregación celebra Eucaristías mensuales en San Julián, generalmente los domingos a las 13:00 horas, que constituyen momentos de encuentro entre los hermanos para fortalecer los lazos de hermandad y revivir la fe en comunidad. Estos actos litúrgicos van precedidos de reuniones organizativas en las que se tratan los asuntos concernientes a la vida de la hermandad.
En 2016, con motivo del tercer centenario de la imagen titular (1716-2016), la Congregación organizó una serie de actos conmemorativos entre los que destacaron la presentación de un libro sobre la efeméride y la celebración de una procesión extraordinaria el 9 de abril, coincidiendo con la fecha exacta de la primera salida del Nazareno en 1716. Esta procesión recorrió un itinerario simbólico que incluía la entrada en la iglesia de San Esteban, donde la imagen había salido por primera vez tres siglos atrás. El prior de San Esteban dio la enhorabuena a la congregación en un emotivo acto en el que el paso se mantuvo con las velas apagadas, siendo el cirio pascual el único encargado de iluminar la escena.
La Congregación participa también en otros actos organizados por la Diócesis de Salamanca y la Junta de Cofradías, colaborando en iniciativas de formación cofrade, actos litúrgicos especiales y actividades caritativas que forman parte de la dimensión social del cristianismo.
Curiosidades relevantes
Una de las peculiaridades más desconocidas de la Congregación es la tradición del Matutinum, la lectura de los siete salmos penitenciales que se celebra el Sábado Santo en la iglesia de San Julián a las 11:00 horas. Este acto, presidido por la imagen del Santo Entierro, fue recuperado en años recientes y constituye, según palabras de los hermanos mayores, algo «que no se ha hecho nunca en Salamanca» en los tiempos modernos, rescatando una tradición litúrgica medieval.
El hecho de que los congregantes puedan ser enterrados con el hábito nazareno conforme marcan los estatutos convierte a esta túnica morada en algo más que una vestimenta procesional: es un símbolo de identidad que trasciende la vida terrenal. Muchos hermanos dejan dispuesto en su testamento que desean ser amortajados con la túnica de Jesús Nazareno, sellando así su pertenencia eterna a la hermandad.
La mirada del Nazareno ha generado infinidad de testimonios y anécdotas a lo largo de los siglos. Devotos de todas las generaciones coinciden en señalar que es una mirada que «te atraviesa», que «te habla sin palabras», que «parece perdida pero te está mirando solo a ti». Esta cualidad extraordinaria de la talla de José de Larra Domínguez ha convertido al Nazareno de San Julián en una de las imágenes más veneradas y fotografiadas de la Semana Santa española.
El grabado de Manuel Salvador Carmona de 1806, que muestra la procesión del Nazareno tal como desfilaba a principios del siglo XIX, constituye un documento histórico de extraordinario valor. Los faroles que hoy alumbran al Nazareno son los mismos que aparecen en ese grabado, lo que permite establecer una continuidad visual de más de dos siglos. Este tipo de permanencia en los elementos procesionales es excepcional en España y testimonia el cuidado con que la Congregación ha preservado su patrimonio.
La forma de andar característica de los portadores del Nazareno, con su balanceo pausado y majestuoso, es resultado de siglos de tradición transmitida de generación en generación. No existe un manual escrito sobre cómo portar el paso; el conocimiento se transmite oralmente y prácticamente, de hermanos mayores a jóvenes, creando un linaje de portadores que mantienen viva una técnica centenaria.
Francisco González Macías, autor del Santo Entierro, fue un escultor extraordinariamente versátil que trabajó tanto la imaginería religiosa como la escultura monumental y el retrato. Su Cristo yacente para Ribadesella causó tal impresión que un catedrático de la Facultad de Medicina de Salamanca llevó a sus alumnos al taller del escultor y dio sobre la propia escultura su clase de anatomía. Este episodio ilustra el verismo y la calidad técnica del trabajo de González Macías.
Información práctica
Alojamiento: Salamanca ofrece una amplia red de alojamientos para todos los gustos y presupuestos. El centro histórico concentra hoteles boutique en palacios rehabilitados, hostales familiares y apartamentos turísticos. Las zonas más recomendables para hospedarse durante la Semana Santa son el entorno de la Plaza Mayor, la calle Toro, el barrio de San Benito y las proximidades de la Rúa Mayor, desde donde podrás acceder fácilmente a todos los puntos del recorrido procesional. Es imprescindible reservar con varios meses de antelación, ya que la ocupación hotelera durante la Semana Santa roza el cien por cien.
Cómo llegar: Salamanca cuenta con excelentes comunicaciones por carretera, tren y autobús. La estación de autobuses se encuentra en la Avenida Filiberto Villalobos, a unos 15 minutos andando del centro. La estación de tren está en el Paseo de la Estación, también a corta distancia. Si viajas en vehículo propio, existen varios aparcamientos públicos en el perímetro del casco histórico: Plaza del Oeste, Alamedilla, Campo de San Francisco y Parking Centro-Sancti Spiritus. Durante el Viernes Santo el centro histórico permanece cortado al tráfico por las procesiones, por lo que conviene aparcar temprano y desplazarse a pie.
Vestimenta adecuada: Las temperaturas en Salamanca durante la Semana Santa pueden ser variables, con días soleados y agradables que contrastan con noches frescas. Se recomienda vestir por capas: camiseta, jersey y chaqueta ligera. El calzado cómodo es imprescindible, ya que los recorridos procesionales se hacen andando sobre empedrado histórico. Si hay previsión de lluvia, un paraguas plegable o un chubasquero ligero evitarán contratiempos. El carácter religioso de los actos aconseja vestir con discreción y respeto.
Gastronomía salmantina: La Semana Santa es una excelente ocasión para degustar la rica gastronomía charra. El plato estrella de estas fechas es el hornazo, un pan relleno de chorizo, lomo y huevos duros que tradicionalmente se consume el Lunes de Aguas. Otros manjares imprescindibles son el farinato (embutido elaborado con pan, grasa y pimentón), el chanfaina (guiso de arroz con carne), las patatas meneás, el cochinillo y el lechazo asados, el bollo maimón y las rosquillas. Las calles del casco antiguo, especialmente en torno a la Plaza Mayor, concentran tabernas, mesones y restaurantes donde disfrutar de estos sabores tradicionales.
Puntos estratégicos para ver la procesión: La salida desde San Julián, aunque en un espacio reducido, permite contemplar de cerca la emoción del momento. La Plaza Mayor ofrece un marco incomparable, especialmente desde los balcones y soportales. La calle Compañía, con su pendiente ascendente, muestra la pericia de los portadores. La Plaza de Anaya, con la fachada de la Universidad y las catedrales al fondo, proporciona uno de los escenarios más fotogénicos. La Rúa Mayor, durante el tramo conjunto de las cuatro procesiones, permite contemplar el desfile ininterrumpido de la Pasión.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se fundó la Congregación de Jesús Nazareno?
La Congregación fue fundada el 11 de noviembre de 1688 y recibió su erección canónica definitiva el 1 de mayo de 1689, lo que la convierte en la segunda cofradía más antigua de Salamanca tras la Vera Cruz.
¿Quién esculpió la imagen de Jesús Nazareno?
La imagen titular de Jesús Nazareno fue tallada por José de Larra Domínguez (también conocido como José de Larra Churriguera por su matrimonio con Mariana de Churriguera) en 1716. Es una de las obras maestras del barroco salmantino y procesionó por primera vez el 9 de abril de 1716.
¿Por qué se llama «Jesús en la Calle de la Amargura»?
El nombre hace referencia al episodio evangélico del encuentro de Jesús con su Madre cuando llevaba la cruz camino del Calvario. La Vía Dolorosa o Calle de la Amargura es el recorrido que Jesús realizó desde la casa de Pilato hasta el Gólgota, y este paso representa uno de los momentos más emotivos de ese camino.
¿Qué tiene de especial la mirada del Nazareno?
La mirada de Jesús Nazareno es el elemento más admirado de la talla. Se trata de una mirada penetrante que parece dirigirse individualmente a cada persona que la contempla. Los devotos afirman que «te mira y te habla», transmitiendo la entrega sacrificial de Cristo por cada ser humano. Esta cualidad extraordinaria ha cautivado a generaciones de salmantinos.
¿Cuándo se puede visitar al Nazareno fuera de la Semana Santa?
La imagen puede venerarse durante todo el año en la iglesia de San Julián y Santa Basilisa. El acto más destacado es el besapiés que se celebra anualmente en fechas próximas al inicio de la Cuaresma, cuando la iglesia permanece abierta ininterrumpidamente de 10:00 a 21:00 horas.
¿Cuántas personas portan los pasos de la Congregación?
El paso de Jesús Nazareno cuenta con dos turnos de carga de 28 hermanos cada uno. El paso del Santo Entierro es portado por 40 hermanos en un solo turno. Todos los portadores utilizan el sistema tradicional de carga interior, con los hombros bajo las andas.
¿Por qué los hermanos visten túnica morada?
La túnica morada es el color de la penitencia en la liturgia católica y simboliza el luto y el dolor por la Pasión de Cristo. El hábito de esta Congregación, documentado desde 1724, se ha mantenido prácticamente inalterado durante tres siglos, siendo uno de los más antiguos y tradicionales de España.
¿Es cierto que los hermanos pueden ser enterrados con el hábito?
Sí, según establecen los estatutos de la Congregación, la mortaja de los hermanos será la túnica de Jesús Nazareno. Muchos congregantes se hacen enterrar con este hábito, manifestando su identificación con Cristo y su pertenencia a la hermandad más allá de la muerte.
¿Quién creó el grupo del Santo Entierro?
El grupo escultórico del Santo Entierro fue tallado por el imaginero bejarano Francisco González Macías en 1942 y estrenado en la procesión de 1943. Consta de siete figuras que representan el momento del entierro de Cristo conforme lo narran los Evangelios.
¿Qué bandas de música acompañan a la procesión?
El paso de Jesús Nazareno es acompañado por la Agrupación Musical María Santísima de la Estrella de Carbajosa de la Sagrada, mientras que el Santo Entierro desfila con la Banda de Música Ciudad del Tormes. Ambas formaciones mantienen una relación de cercanía y colaboración con la Congregación desde hace décadas.
Enlaces de interés
- Web oficial de la Congregación de Jesús Nazareno y Santo Entierro
- Diócesis de Salamanca
- Ayuntamiento de Salamanca
- Turismo de Salamanca
- Junta de Castilla y León
Cofradías
Cofradía de la Oración en el Huerto de los Olivos
Congregación de Nuestro Padre Jesús Divino Redentor Rescatado y Nuestra Señora de las Angustias
Hermandad de Jesús Amigo de los Niños
Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad
Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón
Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis
Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo
Hermandad de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas
Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz
Hermandad del Silencio
Hermandad Dominicana del Stmo. Cristo de la Buena Muerte, N. P. Jesús de la Pasión, Ntra. Sra. de los Dolores y Ntra. Sra. de la Esperanza
Hermandad Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad
Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Señora Madre de la Sabiduría
Ilustre Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Concepción
Ilustre y Venerable Congregación de Jesús Nazareno y el Santo Entierro
Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora
Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario
Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía
