Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz

La Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz representa una de las páginas más innovadoras y emocionantes de la Semana Santa de Salamanca. Nacida en 1971 en plena crisis de la Pasión salmantina, esta joven cofradía supuso un auténtico revulsivo que contribuyó decisivamente a revitalizar las celebraciones religiosas en la ciudad del Tormes. Su procesión del Jueves Santo, conocida popularmente como «la procesión del Arrabal» o «la marcha blanca», constituye una de las estampas más conmovedoras y singulares de la Semana Santa española: cientos de cofrades ataviados con hábitos monacales blancos, rostros descubiertos y portando cruces con mensajes evangélicos, cruzan el río Tormes por el emblemático Puente Romano en una manifestación de fe que hermana devoción tradicional y compromiso social.

Penitentes de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz de Salamanca portando cruces en la noche
Penitentes de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz de Salamanca portando cruces en la noche. Foto: gallus / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Para quienes visitan Salamanca durante el Jueves Santo, presenciar el paso de la hermandad del Amor y la Paz desde el barrio del Arrabal hasta el corazón monumental de la ciudad supone adentrarse en una experiencia única que fusiona testimonio público de fe, respeto a la Pasión de Cristo y un espíritu solidario heredado del Concilio Vaticano II. El Cristo del Amor y de la Paz, crucificado anónimo del siglo XVII, y María Nuestra Madre, talla contemporánea de Hipólito Pérez Calvo, recorren las calles iluminadas por miles de velas y farolillos en una procesión de más de seis horas que conmueve tanto a salmantinos como a visitantes.

Contenido

Fundación y contexto histórico

La Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz se funda en Salamanca el 2 de febrero de 1971, en un contexto especialmente complicado para las celebraciones de Semana Santa en España. La década de los sesenta y principios de los setenta había sido testigo de una profunda crisis en las manifestaciones religiosas populares: muchas cofradías no contaban con suficientes hermanos para organizar sus procesiones, el clima sociopolítico no favorecía las expresiones públicas de religiosidad, y la juventud parecía desvinculada de estas tradiciones centenarias.

El espíritu fundacional

Un grupo de jóvenes universitarios y obreros salmantinos, que no encontraban en las cofradías existentes un espacio adecuado para desarrollar sus inquietudes espirituales, estéticas y devocionales, decidieron «liarse la manta a la cabeza» y crear una nueva hermandad que respondiera a los postulados del Concilio Vaticano II. Buscaban una forma de vivir la fe en comunidad que fuera coherente con los tiempos, que no ocultara el rostro tras capirotes sino que diera testimonio público con la cara descubierta, y que no se limitara a lo meramente ceremonial sino que implicara un compromiso solidario con los más desfavorecidos.

La hermandad toma su nombre del día de su procesión, el Jueves Santo, tradicionalmente considerado el día del amor fraterno en la liturgia cristiana, cuando Jesús instituyó la Eucaristía y lavó los pies a sus discípulos. «Amor y Paz» sintetizaba el mensaje que estos jóvenes fundadores querían transmitir en una España que emergía lentamente de décadas de dictadura y enfrentamientos.

La primera procesión

El Jueves Santo de 1971, concretamente el 8 de abril, la recién creada hermandad realizó su primera salida procesional en condiciones verdaderamente adversas. Bajo una torrencial lluvia, unos ochenta hermanos se echaron a las calles vistiendo hábitos prestados conseguidos en Salamanca, Zamora y Ávila, portando unos cuarenta farolillos y llevando el Cristo del Amor y de la Paz, un crucificado anónimo del siglo XVII que había permanecido durante siglos en la antigua parroquia del Arrabal.

La procesión partió de la iglesia vieja del Arrabal, atravesó el Tormes por el Puente Romano y se adentró deliberadamente en el entonces deprimido barrio chino de Salamanca, las zonas más humildes y marginadas de la ciudad. Este gesto tenía una clara intencionalidad: llevar el mensaje cristiano de amor y dignidad precisamente allí donde más falta hacía, a las calles y barrios olvidados por las procesiones tradicionales.

Los primeros años

En aquellos años iniciales, la hermandad causó estupor, admiración y también controversia. Sus miembros desfilaban a cara descubierta, portaban cruces con pancartas reivindicativas que incluían frases extraídas de la Biblia con mensajes de justicia social, y no dudaban en adentrarse por barriadas donde ninguna otra cofradía se atrevía a procesionar. Este carácter testimonial y comprometido llevó a que algunos hermanos acabaran en comisaría por su atrevimiento.

Se hizo célebre en esos primeros años el llamado «baile del paso»: la juventud de los cofrades, pese a la severidad y al ascetismo castellano del desfile procesional, quería transmitir que su Cristo estaba vivo, predicando amor y paz. Los balanceos rítmicos de las andas, aunque sorprendentes en el contexto salmantino de entonces, expresaban una devoción vivida, emocional y alejada del hieratismo tradicional.

Una hermandad renovadora y solidaria

La irrupción de esta joven hermandad supuso un auténtico revulsivo para la Semana Santa salmantina. La idea es unánime entre historiadores y estudiosos: la hermandad del Amor y la Paz contribuyó decisivamente a superar la profunda crisis que atravesaba la Pasión en Salamanca. Al ver a tanta gente joven participando con fervor y alegría, otras cofradías comenzaron a recuperar ánimos y hermanos.

Desde el principio, la hermandad tuvo una clara vocación de ayuda a otras corporaciones. Colaboró activamente para que hermandades debilitadas pudieran volver a procesionar dignamente, prestando hermanos para completar turnos de carga y acompañamiento. Esta solidaridad intercofrade sigue siendo uno de sus rasgos distintivos.

Historia y evolución

A lo largo de más de medio siglo de existencia, la hermandad ha vivido momentos de crecimiento, innovación y también algunos episodios controvertidos que han marcado su trayectoria.

Incorporación de la mujer y pionerismo

En 1972, apenas un año después de su fundación, la hermandad aprobó la inclusión de la mujer como hermano de pleno derecho, convirtiéndose en pionera en una época en que la inmensa mayoría de cofradías españolas eran exclusivamente masculinas. Esta decisión, coherente con su espíritu conciliar y renovador, sentó un precedente importante en la Semana Santa española.

En 1985, durante la Procesión General del Santo Entierro del Viernes Santo, el paso de la Coronación de Espinas (cedido temporalmente por la cofradía leonesa del Dulce Nombre) fue cargado íntegramente por mujeres, convirtiéndose en el primer paso en hacerlo en toda España. Este logro fue compartido minutos más tarde con el paso de Jesús Nazareno de la Vera Cruz, portado también exclusivamente por hermanas de paso, en un hito histórico para la participación femenina en la Semana Santa española.

Incorporación de María Nuestra Madre

En 1987, la hermandad incorporó a su patrimonio la imagen de María Nuestra Madre, una talla de vestir obra del prestigioso escultor zamorano Hipólito Pérez Calvo. La Virgen, ataviada totalmente de blanco como todos los cofrades, desfila sobre unas bellas andas portadas por el turno de carga femenino de la hermandad, compuesto por 104 mujeres que no se relevan a lo largo de todo el recorrido, en una muestra impresionante de resistencia y devoción.

En 2012, celebrando el veinticinco aniversario de esta imagen, la talla salió en procesión extraordinaria hasta la Catedral y se realizó una exposición en el Palacio de Garci Grande mostrando el manto, la saya y las joyas que forman el ajuar de la Virgen. En 2025, la imagen ha sido sometida a un proceso de limpieza y consolidación del policromado, luciendo renovada en la procesión del Jueves Santo.

El Cristo de la Liberación y la madrugada del Sábado Santo

En la madrugada del Sábado Santo de 1988, la hermandad organizó por primera vez la procesión del Santísimo Cristo de la Liberación, un Cristo yacente obra del escultor salmantino Vicente Cid Pérez, realizado en pasta de alabastro y resinas. Esta imagen, que recibe culto durante el resto del año en la capilla del cementerio de San Carlos Borromeo, procesiona desde el Colegio Mayor de los Irlandeses (Fonseca) en las primeras horas de la madrugada.

La inclusión de este desfile generó un conflicto con la Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora, que entendía que no debía haber dos procesiones de Cristo yacente en la misma ciudad. El Obispado resolvió salomónicamente autorizando ambas procesiones, pero estableciendo que la imagen, sección y procesión del Cristo de la Liberación no podrían incluir el término «Yacente» en su titulación.

Desde 1998, como tarea confiada por la diócesis a la cofradía, miembros de la hermandad son los encargados de dirigir la oración que se lleva a cabo en los dos cementerios de Salamanca antes de dar sepultura a los fallecidos, asumiendo así un ministerio pastoral de acompañamiento en el duelo que va mucho más allá de lo meramente procesional.

Períodos de tensión y reconciliación

En 1995, la hermandad se apartó de la Junta de Cofradías de Salamanca, dejando de participar en los actos organizados por esta durante una década. Durante este período, el paso de la Coronación de Espinas (que se había integrado en el Santo Entierro del Viernes Santo) abandonó esa procesión y se intentó incorporar al desfile del Amor y la Paz del Jueves Santo, aunque al no encajar estéticamente en el conjunto, dejó finalmente de procesionar. En septiembre de 2004 fue devuelto a la cofradía leonesa propietaria de las imágenes.

En 2005, la hermandad se reintegró en la Junta de Cofradías, normalizándose así sus relaciones institucionales con el resto de corporaciones salmantinas.

Cambio de sede

En 2006, la hermandad trasladó su sede canónica de la iglesia Nueva del Arrabal a la recién restaurada iglesia Vieja del Arrabal, templo con gran valor histórico vinculado a los orígenes mozárabes de Salamanca. Sin embargo, la procesión del Jueves Santo sigue saliendo de la iglesia Nueva, edificio que ha pasado a ser propiedad del Ayuntamiento de Salamanca, impulsor del proyecto para convertirlo en Museo de Arte Sacro y Semana Santa.

En 2013, la hermandad recuperó su sección musical propia al fundarse la nueva banda de cornetas y tambores del Cristo del Amor y de la Paz, que acompañó a las imágenes titulares hasta su disolución en 2024. Esta agrupación se convirtió en uno de los pilares de la hermandad, realizando incluso actuaciones fuera de Salamanca.

Celebración del cincuentenario

Los actos centrales del cincuentenario de la hermandad tuvieron que retrasarse hasta 2022 debido a la pandemia. En la procesión del Jueves Santo de ese año se recuperaron simbólicamente las pancartas reivindicativas de los primeros tiempos, y en julio la imagen del Cristo se trasladó en procesión extraordinaria hasta la Catedral para celebrar una eucaristía conmemorativa. Actualmente, la hermandad cuenta con aproximadamente 700 hermanos, manteniéndose como una agrupación eminentemente joven, con una media de edad que no supera los 25 años entre las nuevas altas.

Sedes canónicas: las iglesias del Arrabal

La hermandad mantiene vínculos con dos templos históricos del barrio del Arrabal, cada uno con su propia historia fascinante vinculada a los orígenes medievales de Salamanca.

Iglesia Vieja del Arrabal: Santa María de Rocamadour

La iglesia Vieja del Arrabal, sede canónica actual de la hermandad, es uno de los templos más antiguos de Salamanca. Originalmente conocida como iglesia de la Santísima Trinidad del Arrabal o de San Esteban de allende la puente, se ubicaba en territorio mozárabe y no aparece citada en el Fuero de Salamanca, lo que indica su antigüedad anterior a la repoblación cristiana oficial.

Funcionó como parroquia hasta que en 1256 el obispo don Pedro hizo donación de ella, sus casas y posesiones a las monjas benedictinas que habían perdido su convento de La Serna por una crecida del río Tormes. La célebre riada de San Policarpo en 1626, la más devastadora de cuantas ha sufrido Salamanca, causó considerables daños en el templo, y su beneficio pasó a la parroquia de San Julián y Santa Basilisa. No fue hasta 1853 cuando volvió a existir como parroquia independiente.

En este templo recibía culto desde el siglo XVII el Cristo del Amor y de la Paz, probablemente en el retablo del altar mayor construido en 1625 por el escultor Andrés de Paz, justo un año antes de la riada. Esta iglesia, tras décadas de abandono, fue restaurada en los primeros años del siglo XXI, convirtiéndose en 2006 en la sede oficial de la hermandad.

Iglesia Nueva del Arrabal: punto de salida procesional

A pesar del traslado de la sede canónica, la procesión del Jueves Santo sigue partiendo de la iglesia Nueva del Arrabal, edificio desacralizado que actualmente es propiedad municipal. Esta iglesia, más amplia y funcional, permite organizar mejor la salida de los cientos de cofrades que participan en la procesión.

Destaca en este templo la enorme campana que abre la marcha procesional, doblando a muerto y portada por doce cofrades. Esta campana procede de la antigua parroquia del Arrabal y se ha convertido en uno de los elementos más característicos y emotivos de la procesión, anunciando con su tañido solemne el inicio del cortejo.

El hábito procesional

El hábito de la Hermandad del Amor y la Paz constituye uno de sus elementos más distintivos y cargados de significado. A diferencia de la inmensa mayoría de cofradías españolas, sus miembros procesionan con el rostro descubierto, dando así testimonio público de su fe sin ocultarse tras capirotes.

Descripción del hábito

Los hermanos visten un hábito blanco de tipo monacal, con escapulario y capucha, ceñido a la cintura con soga de esparto. El conjunto evoca las vestiduras de los monjes mendicantes medievales, transmitiendo humildad y austeridad. El color blanco simboliza pureza, paz y luz, contrastando poderosamente con el negro de la noche del Jueves Santo.

Se completa el hábito con el emblema de la hermandad: una cruz de madera sin desbastar de gran sencillez con dos ramos de olivo que se cruzan en la intersección de los dos maderos, portado en plata a modo de medalla. Este emblema sintetiza visualmente el mensaje de la cofradía: la cruz del sacrificio de Cristo abrazada por el olivo de la paz.

Los hermanos calzan zapatos negros y portan farolillos que iluminan el camino, creando una atmósfera de singular belleza cuando cientos de luces se reflejan en las aguas del Tormes al cruzar el Puente Romano.

Significado del rostro descubierto

El hecho de salir a cara descubierta empleando capucha en lugar de capirote responde al espíritu fundacional de la hermandad y las adversidades que enfrentaba la Semana Santa salmantina en los años setenta. Los fundadores consideraron que era necesario «dar la cara», no ocultar la identidad, para ofrecer un testimonio auténtico y valiente de fe en tiempos difíciles.

Esta decisión, revolucionaria en su momento, continúa siendo uno de los rasgos que más conmueven a quienes contemplan la procesión: ver los rostros jóvenes, las expresiones de recogimiento, las lágrimas de emoción, humaniza la procesión y la convierte en algo mucho más cercano y testimonial que los desfiles anónimos tras capirotes.

Patrimonio escultórico e imaginero

La hermandad custodia y procesiona tres imágenes de gran valor devocional, cada una con su propia historia y significado en el conjunto de la Pasión salmantina.

Cristo del Amor y de la Paz

El Cristo del Amor y de la Paz es un notable crucificado de autor anónimo del siglo XVII, tallado en madera de pino y de tamaño casi natural. Procede de la antigua iglesia del Espíritu Santo (o según otras fuentes, de la iglesia Vieja del Arrabal, antiguamente conocida como Santa María de Rocamadour), donde recibió culto durante siglos antes de ser adoptado como titular por la joven hermandad en 1971.

Presenta características estilísticas propias del barroco castellano: anatomía realista pero sin excesos tremendistas, expresión serena de dolor contenido, y los ojos cerrados que invitan a la contemplación del misterio de la muerte redentora. Una particularidad notable es su paño de pureza anudado en aspa, lo que permite admirar las caderas del crucificado. Esta característica la comparte con el Santísimo Cristo de los Doctrinos de la Vera Cruz y con el Cristo del Monte de la vecina localidad de Alaraz, lo que sugiere que podrían pertenecer a un mismo taller o escuela escultórica.

El Cristo procesiona sobre unas andas que han sufrido numerosos avatares y modificaciones desde 1971. Las primeras pertenecían a los padres jesuitas y eran portadas por ocho hermanos. Al año siguiente se adquirió la carroza del Cristo del Consuelo de la extinguida Cofradía de Excombatientes. En 1983 se estrenaron unas andas modernas portadas a hombros por 64 hermanos, diseño que se ha ido perfeccionando con los años.

María Nuestra Madre

María Nuestra Madre es una imagen de las denominadas «de vestir» o «de candelero», obra del reconocido escultor zamorano Hipólito Pérez Calvo, realizada en 1987. El artista, formado en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y profesor de la Universidad de Salamanca, era uno de los grandes maestros de la imaginería castellana contemporánea, con numerosas obras para Semana Santa en León, Zamora, Toro y otras ciudades.

La Virgen viste atuendo totalmente blanco, en sintonía con el hábito de los cofrades, creando una unidad visual extraordinaria en el conjunto procesional. Su rostro sereno, de belleza clasicista, transmite una mezcla de dolor contenido y esperanza maternal. La talla se caracteriza por la sencillez, suavidad y delicadeza que definían el estilo de Pérez Calvo, con una esquematización formal que la vincula al arte clásico pero con fuerza de modernidad.

Desfila sobre unas hermosas andas portadas exclusivamente por el turno de carga femenino de la hermandad, compuesto por 104 mujeres que no se relevan durante las más de seis horas que dura el recorrido, en un ejercicio de resistencia física y espiritual que suscita admiración.

Santísimo Cristo de la Liberación

El Cristo de la Liberación es un Cristo yacente contemporáneo, obra del escultor salmantino Vicente Cid Pérez, realizado en 1988 en pasta de alabastro y resinas. A diferencia de los yacentes tradicionales tallados en madera, esta técnica permite conseguir una apariencia casi marmórea, de gran elegancia y finura.

La imagen recibe culto durante todo el año en la capilla del cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca, lugar profundamente significativo que refuerza el mensaje de esperanza cristiana en la resurrección. En la noche del Viernes de Dolores se celebra el traslado popular de la imagen desde el cementerio hasta la capilla del Colegio de los Irlandeses (Fonseca), donde permanece hasta que en la madrugada del Sábado Santo procesiona portando el sobrenombre de «Señor de las Almas».

El Cristo reposa en una urna fúnebre portada en procesión por hermanos ataviados de riguroso luto, en contraste con el blanco de la procesión del Jueves Santo. Acompañan al cortejo las «tavolettas», paneles pintados por el artista Jerónimo Prieto que representan escenas de la Pasión, a las que la hermandad rindió homenaje especial durante la Cuaresma de 2024, pasando a formar parte del Museo Episcopal.

La procesión del Jueves Santo

La procesión del Amor y la Paz del Jueves Santo, conocida popularmente como «la procesión del Arrabal» o «la marcha blanca», constituye uno de los momentos más emotivos, singulares y fotogénicos de toda la Semana Santa española.

Recorrido e itinerario

La procesión parte a las 20:30 horas del Jueves Santo desde la iglesia Nueva del Arrabal, situada en la ribera sur del río Tormes, en el histórico barrio que da nombre a la hermandad. Tras la apertura de las puertas del templo, entre resonar de campanas y emoción contenida, los pasos del Cristo del Amor y de la Paz y de María Nuestra Madre emergen iluminados entre pétalos de flores.

El cortejo inicia entonces uno de los recorridos más icónicos y bellos de la Pasión: el cruce del río Tormes por el Puente Romano, puente de origen romano reconstruido en la Edad Media que constituye uno de los símbolos más reconocibles de Salamanca. Ver centenares de cofrades vestidos de blanco, con sus farolillos reflejándose en las aguas del río y teniendo como telón de fondo la ciudad iluminada y las catedrales, constituye una estampa de extraordinaria belleza que justifica por sí sola una visita a Salamanca en Semana Santa.

Tras cruzar el puente, la procesión accede a la ciudad antigua por la Puerta del Río y asciende por la empinada calle Tentenecio hasta alcanzar el conjunto catedralicio, momento de gran esfuerzo para los portadores y de intensa emoción para el público. Desde allí, el cortejo prosigue por las calles del casco histórico, llegando al atrio de la Catedral sobre las 22:30 horas.

En el atrio catedralicio se celebra el acto penitencial, uno de los momentos más emotivos del Jueves Santo salmantino: liberación de palomas blancas como símbolo de paz, lecturas evangélicas y oración comunitaria antes de emprender el camino de regreso al Arrabal. El recorrido completo tiene una duración aproximada de seis horas.

Acompañamiento musical

Abre la marcha procesional la enorme campana del Arrabal, doblando solemnemente a muerto y portada por doce cofrades, anunciando con su tañido profundo el paso del cortejo. Le siguen las cruces alzadas, los hermanos con sus farolillos creando un río de luz, y las imágenes titulares.

El acompañamiento musical corresponde tradicionalmente a la banda de cornetas y tambores propia de la hermandad, fundada en 2013, aunque tras su disolución en 2024 han colaborado otras agrupaciones como la Sección Musical del Cristo Yacente y la Banda de Música de Villamayor. Las marchas procesionales, sobrias y cadenciosas, marcan el ritmo de una procesión que discurre pausadamente, invitando al recogimiento.

Ambiente singular

Lo que distingue radicalmente a esta procesión de todas las demás de la Semana Santa española es su carácter testimonial: rostros descubiertos, juventud de los participantes, expresiones visibles de emoción, lágrimas, sonrisas de encuentro fraterno. No hay anónimato tras capirotes, sino personas concretas que ponen su rostro y su nombre al servicio de un testimonio de fe.

El ambiente es recogido pero no lúgubre. Hay solemnidad, pero también una alegría contenida, un sentido de comunidad y fraternidad que se palpa en el aire. Los hermanos se saludan, se animan mutuamente durante el largo recorrido, comparten el esfuerzo de portar las andas o sostener los farolillos durante horas.

El público, que abarrota los aledaños de la iglesia del Arrabal, el Puente Romano y las calles del centro, participa con respeto pero también con cercanía. Es frecuente ver aplausos de reconocimiento, lágrimas emocionadas, y una conexión especial entre cofrades y espectadores que convierte la procesión en algo mucho más participativo que contemplativo.

La procesión del Cristo de la Liberación

En las primeras horas de la madrugada del Sábado Santo, la hermandad organiza una segunda procesión de características muy diferentes: el desfile del Santísimo Cristo de la Liberación, conocido popularmente como el «Señor de las Almas».

Preparativos y traslado

En la noche del Viernes de Dolores (viernes anterior al de Pasión), se celebra el traslado de la imagen desde su ubicación habitual en la capilla del cementerio de San Carlos Borromeo hasta la capilla del Colegio de los Irlandeses (Fonseca). Este traslado, de carácter popular y emotivo, ya constituye en sí mismo un acto devocional significativo.

La procesión de madrugada

La procesión parte del Colegio de los Irlandeses en la madrugada, generalmente sobre las 23:00 horas de la noche del Viernes Santo o ya entrada la madrugada del Sábado. Los hermanos visten de riguroso luto, en contraste absoluto con el blanco del Jueves Santo, portando el Cristo yacente en su urna fúnebre.

El recorrido discurre por el centro histórico en absoluto silencio, roto únicamente por el sonido de los tambores destemplados y los pasos de los cofrades. En 2024 se modificó la ubicación de la oración por los difuntos, que se realiza en la puerta del Nacimiento de la Catedral en lugar de en el lugar anterior, buscando un marco más solemne para este momento de conmemoración de todos los fallecidos.

Acompañan al paso las «tavolettas» del pintor Jerónimo Prieto, paneles que representan escenas de la Pasión y que añaden un componente artístico adicional al conjunto procesional.

Coordinación con otras hermandades

La procesión del Cristo de la Liberación debe coordinarse cuidadosamente con la de la Hermandad de la Soledad, que también desfila en la madrugada del Sábado Santo. En años recientes, cuando ambos cortejos se han encontrado en el cruce de las calles Meléndez con Compañía, se ha producido un emotivo abrazo entre los hermanos mayores de ambas cofradías, gesto de fraternidad que los participantes esperan poder repetir si las circunstancias lo propician.

Vida cofrade y actividades anuales

Más allá de las dos procesiones de Semana Santa, la hermandad mantiene una intensa actividad durante todo el año, fiel a su espíritu de compromiso comunitario y pastoral.

Vía Crucis de las Dueñas

Desde 1972, a propuesta de la Congregación de Jesús Rescatado, la hermandad celebra el Vía Crucis de las Dueñas en el bellísimo claustro del convento de las Dominicas. Este rezo de las estaciones del Calvario en un marco tan singular se ha convertido en uno de los actos cuaresmales más apreciados de Salamanca. En 2024 se celebró un Vía Crucis especial dedicado a los músicos de la hermandad, reconociendo su entrega y trabajo anual.

Comentario de las Siete Palabras

El Lunes Santo, desde 1979, la hermandad realiza el comentario de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz en la iglesia de San Juan de Sahagún. Este acto de meditación espiritual, con reflexiones sobre las últimas frases pronunciadas por Jesús antes de morir, atrae cada año a numerosos fieles.

Lavatorio de pies

En Jueves Santo, antes de la procesión, la hermandad celebra el lavatorio de pies, recreando el gesto de humildad y servicio de Jesús con sus apóstoles. Una docena de miembros de la hermandad representan a los doce apóstoles en este rito que recuerda que el amor y la paz deben traducirse en gestos concretos de servicio a los demás.

Corpus Christi

Desde sus inicios en 1971, la hermandad ha contribuido a poner en valor la procesión del Corpus Christi, elaborando altares votivos para la celebración del paso de la Custodia procesional. Durante varios años, el altar se realizaba en la plaza de Santo Domingo, frente a la estatua del Conde de Romanones, mostrando la implicación de la hermandad en las celebraciones litúrgicas más allá de la Semana Santa.

Servicio en los cementerios

Desde 1988 de manera puntual, y a partir de 1998 como tarea confiada oficialmente por la diócesis, miembros de la hermandad son los encargados de dirigir la oración que se lleva a cabo en los dos cementerios de Salamanca antes de dar sepultura a los fallecidos. Este ministerio pastoral de acompañamiento en el duelo, asumido con discreción y respeto, representa una de las expresiones más hermosas del compromiso social y caritativo de la hermandad, coherente con su nombre de Amor y Paz.

Datos singulares

La historia de la hermandad está salpicada de episodios curiosos, decisiones pioneras y detalles que merecen ser recordados.

Las pancartas reivindicativas: En los primeros años, los hermanos portaban cruces con pancartas que incluían frases bíblicas con clara carga social: «No solo de pan vive el hombre», «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia», «Amaos los unos a los otros». Este carácter reivindicativo, poco habitual en las cofradías tradicionales, llevó a que algunos miembros acabaran en comisaría, considerándose las pancartas como manifestaciones políticas no autorizadas. En 2022, celebrando el cincuentenario, se recuperaron simbólicamente estas pancartas.

El hermanamiento con Guadalajara: En 2007, a través de internet, la hermandad salmantina tuvo conocimiento de la existencia de una homónima en Guadalajara con el mismo nombre: Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz. Pese a las diferencias de estilo y tradición entre ambas (la alcarreña usa hábitos con capirote rojo, por ejemplo), el 20 de octubre de 2007 se produjo el hermanamiento entre ambas cofradías. Curiosamente, este hermanamiento se realizó sin el refrendo formal de sus Juntas Generales, lo que refleja un espíritu de fraternidad espontánea.

El episodio de la Coronación de Espinas: En 1984 desfiló por primera vez en Salamanca el paso de la Coronación de Espinas, cedido por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León. Durante varios años formó parte del patrimonio procesional salmantino, llegando a ser protagonista del hito histórico de 1985 cuando fue portado exclusivamente por mujeres. Sin embargo, al no encajar estéticamente en la procesión del Jueves Santo de la hermandad, acabó integrándose en el Santo Entierro de la Vera Cruz. Tras diversos avatares y el distanciamiento temporal de la hermandad con la Junta de Cofradías, el paso fue finalmente devuelto a León en 2004.

La campana del Arrabal: La enorme campana que abre la procesión, portada por doce cofrades y doblando solemnemente a muerto, procede de la antigua parroquia del Arrabal. Su tañido profundo y solemne se ha convertido en uno de los sonidos más reconocibles y emocionantes de la Semana Santa salmantina. En 2025 se estrenó una nueva campana, aunque manteniendo el mismo espíritu y función.

Permanente juventud: A diferencia de otras cofradías que sufren envejecimiento de sus plantillas, la hermandad del Amor y la Paz se mantiene como una agrupación extraordinariamente joven. Antes de la pandemia, venían registrándose entre 30 y 40 altas anuales de nuevos hermanos, la mayoría sin superar los 25 años de edad. Esta vitalidad juvenil garantiza el futuro de la hermandad y mantiene vivo su espíritu fundacional.

Vocación de ayuda: Desde sus orígenes, la hermandad ha prestado hermanos a otras cofradías con dificultades para completar sus turnos de carga o acompañamiento. Esta solidaridad intercofrade, poco frecuente en el mundo cofrade donde suele primar el corporativismo, responde al espíritu de servicio que impregna toda la trayectoria de la hermandad. Entre las cofradías ayudadas destaca especialmente la colaboración con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón.

Guía práctica

Asistir a la procesión del Amor y la Paz del Jueves Santo constituye una experiencia única que requiere cierta planificación para disfrutarla plenamente.

Mejores lugares para ver la procesión: La salida desde la iglesia Nueva del Arrabal (sobre las 20:30 horas) ofrece el momento más emotivo e íntimo, con la apertura de las puertas, las campanas repicando y los cofrades iniciando el camino. Sin embargo, el lugar más espectacular y fotogénico es sin duda el Puente Romano, donde ver cruzar la marea blanca de cofrades con sus farolillos reflejándose en el Tormes y las catedrales iluminadas al fondo constituye una estampa inolvidable. Conviene llegar con antelación pues el puente se llena pronto.

La calle Tentenecio, con su empinada subida hacia las catedrales, permite apreciar el esfuerzo de los portadores y ofrece magníficas vistas. El atrio de la Catedral (sobre las 22:30 horas) es el escenario del acto penitencial con liberación de palomas.

Cómo llegar al Arrabal: El barrio del Arrabal se encuentra al otro lado del Tormes respecto al centro histórico. Se puede llegar caminando desde la Plaza Mayor (unos 20 minutos) bajando por el paseo del Rector Esperabé y cruzando el Puente Romano, o en transporte público (líneas de autobús que cruzan el río). Conviene ir con tiempo suficiente antes de las 20:30 horas.

Vestimenta y previsiones: Las noches de Jueves Santo en Salamanca pueden ser frías, con temperaturas que oscilan entre 5 y 15 grados. Es imprescindible llevar abrigo. Si se planea seguir la procesión durante parte de su recorrido, calzado muy cómodo es fundamental. Conviene llevar linterna o el móvil con batería, pues algunas zonas del recorrido tienen poca iluminación.

Duración y planificación: La procesión dura aproximadamente seis horas (de 20:30 a pasadas las 02:30 de la madrugada). No es necesario seguirla completa; muchos visitantes optan por verla en un punto concreto (el Puente Romano es el más popular) y luego cenar o retirarse. Reservar mesa en un restaurante cercano para después de ver el paso por el puente (sobre las 21:30-22:00 horas) es buena idea.

Fotografía: El Puente Romano ofrece oportunidades fotográficas excepcionales. Para conseguir buenas tomas, es recomendable llegar bastante antes y situarse en posiciones elevadas o laterales que permitan captar el conjunto del puente con los cofrades. El uso de trípode está permitido pero puede resultar incómodo dada la aglomeración de público.

Respeto y comportamiento: Aunque el ambiente es más cercano y participativo que en otras procesiones, es importante mantener el respeto debido a un acto religioso. Silencio durante los momentos de oración, no cruzarse delante del paso, no usar flash si molesta a los cofrades, y dejar espacio para que puedan transitar.

Preguntas habituales

¿Cuándo se fundó la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz?

La hermandad se fundó el 2 de febrero de 1971 por un grupo de jóvenes universitarios y obreros que buscaban vivir la fe de manera coherente con los postulados del Concilio Vaticano II. Realizó su primera procesión el Jueves Santo 8 de abril de 1971, bajo una torrencial lluvia.

¿Por qué los cofrades van con la cara descubierta?

El hecho de procesionar con el rostro descubierto, usando capucha en lugar de capirote, responde al espíritu fundacional de la hermandad. Los fundadores consideraron necesario «dar la cara» y ofrecer un testimonio público y valiente de fe en tiempos difíciles para la Semana Santa en España, sin ocultarse en el anonimato.

¿Qué día procesiona la hermandad?

La hermandad organiza dos procesiones: la principal es la del Jueves Santo en la tarde-noche (salida a las 20:30 horas), conocida como «procesión del Arrabal» o «marcha blanca». También organiza la procesión del Cristo de la Liberación en la madrugada del Sábado Santo.

¿Por dónde pasa la procesión del Jueves Santo?

La procesión parte de la iglesia Nueva del Arrabal, cruza el río Tormes por el Puente Romano, asciende por la calle Tentenecio hasta las catedrales, recorre el centro histórico llegando al atrio de la Catedral para el acto penitencial, y retorna al Arrabal. El recorrido completo dura unas seis horas.

¿Quién realizó las imágenes de la hermandad?

El Cristo del Amor y de la Paz es un crucificado anónimo del siglo XVII procedente de antiguas parroquias del Arrabal. María Nuestra Madre fue realizada en 1987 por el prestigioso escultor zamorano Hipólito Pérez Calvo. El Cristo de la Liberación es obra de Vicente Cid Pérez, realizado en 1988.

¿Cuántos hermanos tiene la cofradía?

Actualmente la hermandad cuenta con aproximadamente 700 hermanos, manteniéndose como una agrupación muy joven, con la mayoría de nuevas incorporaciones sin superar los 25 años de edad.

¿Qué es el «baile del paso»?

El «baile del paso» es el balanceo rítmico de las andas que los portadores imprimen al Cristo durante la procesión. Esta práctica, inicialmente sorprendente en el austero contexto salmantino de los años setenta, expresa la idea de un Cristo vivo que predica amor y paz, frente a concepciones más estáticas de la procesión.

¿Por qué se llama «Señor de las Almas» al Cristo de la Liberación?

El sobrenombre «Señor de las Almas» hace referencia a que esta imagen recibe culto durante todo el año en la capilla del cementerio de San Carlos Borromeo, donde la hermandad realiza el ministerio de dirigir las oraciones por los difuntos antes de su sepultura. El Cristo acompaña espiritualmente a las almas de los fallecidos.

¿Se puede visitar el Cristo fuera de la Semana Santa?

El Cristo del Amor y de la Paz puede visitarse en la iglesia Vieja del Arrabal, sede canónica de la hermandad. El Cristo de la Liberación permanece en la capilla del cementerio de San Carlos Borromeo. María Nuestra Madre también puede contemplarse en la iglesia Vieja. Es recomendable consultar horarios de apertura antes de la visita.

¿Qué significa el emblema de la hermandad?

El emblema consiste en una cruz de madera sin desbastar, de gran sencillez, con dos ramos de olivo que se cruzan en la intersección de los dos maderos. La cruz representa el sacrificio redentor de Cristo, mientras que el olivo simboliza la paz, sintetizando visualmente el mensaje de amor y paz que da nombre a la hermandad.

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