Iglesia Vieja del Arrabal

La Iglesia Vieja del Arrabal, oficialmente dedicada a la Santísima Trinidad, constituye uno de los testimonios arquitectónicos más antiguos y resilientes del patrimonio religioso salmantino. Este templo románico del siglo XII, situado en las inmediaciones del emblemático Puente Romano, representa un excepcional ejemplo de supervivencia histórica tras haber resistido riadas, guerras y el inexorable paso de los siglos.

Iglesia vieja del Arrabal o de la Trinidad en Salamanca
Iglesia vieja del Arrabal o de la Trinidad, en Salamanca.
Foto de FLAVIVSAETIVS, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Ubicada en el histórico barrio del Arrabal, al otro lado del río Tormes y fuera del antiguo recinto amurallado, esta pequeña iglesia de piedra se yergue como memoria viva de la Salamanca medieval. Su arquitectura de líneas sencillas y su altar plateresco tallado en piedra de Villamayor la convierten en un tesoro artístico de valor incalculable.

Actualmente, el templo sirve como sede canónica de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, una de las cofradías más emblemáticas de la Semana Santa salmantina, que cada Jueves Santo protagoniza una de las estampas procesionales más emotivas de la ciudad: la travesía del Puente Romano con el perfil de las Catedrales como telón de fondo.

Orígenes medievales

Los orígenes de esta iglesia se remontan al siglo XII, en plena época de consolidación de la Salamanca medieval tras la reconquista cristiana. Según la documentación histórica conservada, el templo fue fundado por un caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, orden militar y hospitalaria de gran relevancia en la Edad Media.

La iglesia se erigió siguiendo los cánones del estilo románico imperante en la época, con su característica solidez constructiva, muros gruesos de piedra y elementos decorativos sobrios pero significativos. Su advocación a la Santísima Trinidad refleja la importancia que este misterio teológico tenía en la espiritualidad medieval.

Durante los siglos posteriores, el templo conoció diversos moradores. Fue ocupado por religiosos trinitarios, miembros de la Orden de la Santísima Trinidad fundada para la redención de cautivos cristianos. También acogió a frailes dominicos en determinados periodos de su historia, contribuyendo así a la rica vida conventual de la Salamanca medieval.

Las emparedadas: espiritualidad en reclusión voluntaria

Una de las facetas más singulares en la historia de este templo fue su utilización como lugar de reclusión de emparedadas. Se denominaba así a aquellas mujeres que, movidas por un profundo fervor religioso, tomaban la decisión voluntaria de retirarse del mundo para dedicarse exclusivamente a la contemplación divina.

Estas piadosas mujeres buscaban alcanzar un alto grado de perfección espiritual mediante la práctica radical de la soledad y el aislamiento. Vivían en celdas adosadas a las iglesias, con apenas una pequeña abertura por la que recibían alimento y podían participar visualmente en las celebraciones litúrgicas. Su existencia, dedicada íntegramente a la oración y la penitencia, constituía un testimonio extremo de renuncia y fe característico de la espiritualidad medieval.

Datos prácticos

El templo se encuentra estratégicamente ubicado en el barrio histórico del Arrabal, zona emblemática de Salamanca situada en la margen derecha del río Tormes, muy próxima al Puente Romano y con vistas privilegiadas al conjunto monumental de las Catedrales.

Ubicación y acceso al templo

Dirección Barrio del Arrabal, junto al Puente Romano – Salamanca
Acceso A pie desde el centro histórico cruzando el Puente Romano (10 minutos)
Entorno Zona de alto valor paisajístico con vistas al conjunto catedralicio
Aparcamiento Zona de fácil estacionamiento en las inmediaciones

Nota: El templo no mantiene horarios regulares de apertura fuera de las celebraciones litúrgicas y los cultos de la Hermandad. Se recomienda contactar previamente o aprovechar las fechas de Semana Santa para visitarlo.

Arquitectura románica

La iglesia presenta una planta de tres naves separadas por dos arcos de medio punto, elemento característico del románico que confiere al espacio interior una sensación de armonía y recogimiento. A pesar de su tamaño modesto, la disposición arquitectónica del templo logra crear un ambiente de serena espiritualidad.

La portada románica: geometría sagrada

La fachada principal conserva elementos originales de notable valor artístico. Destaca especialmente un rosetón que corona la entrada, cuya geometría circular remite a la iconografía medieval del círculo infinito. Esta figura, trazada con la precisión geométrica característica del arte sacro, representa simbólicamente a Cristo como flor del mundo, centro y origen de toda la creación.

El rosetón constituye uno de los escasos elementos decorativos de una portada que refleja la austera sencillez propia del románico rural castellano, donde la solidez constructiva y la funcionalidad prevalecían sobre la ornamentación excesiva.

El altar plateresco: joya escondida

Sin duda, la pieza artística más valiosa que custodia el templo es su altar plateresco esculpido en piedra de Villamayor, la característica piedra arenisca dorada que define la imagen arquitectónica de Salamanca. Este altar, ejecutado probablemente en el siglo XVI durante el apogeo del plateresco salmantino, constituye lo que algunos describen como un «secreto delicado» del patrimonio artístico de la ciudad.

La pieza funciona como estuche del sagrario, combinando funcionalidad litúrgica con refinamiento estético. Su talla minuciosa evidencia la maestría de los canteros salmantinos del Renacimiento, capaces de transformar la piedra en auténtico encaje arquitectónico. A pesar de su indudable valor artístico, este altar permanece relativamente desconocido para el gran público, constituyendo uno de esos tesoros ocultos que merecen ser descubiertos por el visitante curioso.

Imaginería devocional

El interior alberga varias imágenes de profunda devoción popular. Destaca especialmente el Santísimo Cristo del Amor y de la Paz, crucificado barroco del siglo XVII de autor anónimo que constituye la imagen titular de la Hermandad. Estudios recientes atribuyen esta talla al escultor Juan de Montejo, maestro zamorano activo en Castilla durante el siglo XVI.

Acompañan al Cristo dos imágenes marianas: la Virgen de la Encarnación, antigua titular del templo, y María Nuestra Madre, magnífica imagen de vestir ejecutada en 1987 por el reputado imaginero zamorano Hipólito Pérez Calvo. Esta última procesiona cada Jueves Santo portada a hombros por las hermanas de carga de la cofradía.

Descubrimiento de pintura mural

Durante las obras de restauración acometidas en 2006, se produjo un hallazgo de gran interés arqueológico y artístico: al desprenderse parte de la capa de cal que recubría los muros interiores, apareció una pintura mural que habría servido como fondo de un calvario medieval.

Esta pintura, que permanece aún en proceso de estudio y restauración, semioculta bajo los estratos de cal acumulados durante siglos, constituye un testimonio excepcional del arte mural religioso que decoraba los templos medievales. Su descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre la iconografía y las prácticas devocionales en la Salamanca bajomedieval.

Actos litúrgicos y celebraciones anuales

Tras décadas de abandono durante la segunda mitad del siglo XX, el templo recuperó el culto en 2006 después de una profunda restauración. Actualmente acoge las celebraciones propias de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, así como los cultos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Encarnación.

Festividad de la Santísima Trinidad

Como templo dedicado a este misterio teológico fundamental, la iglesia celebra con especial solemnidad la festividad de la Santísima Trinidad, que tiene lugar el domingo siguiente a Pentecostés, generalmente a finales de mayo o principios de junio.

Festividad de la Virgen de la Encarnación

El 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, la iglesia honra a la Virgen bajo su advocación de la Encarnación, patrona histórica del templo. Esta festividad conmemora el momento en que el Verbo se hizo carne en el seno de María, misterio central de la fe cristiana.

Procesión del Jueves Santo

Sin duda, la celebración más multitudinaria y emocionante del año acontece cada Jueves Santo, cuando la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz protagoniza una de las estampas más icónicas de la Semana Santa española.

A las 20:30 horas, tras el tañido de las campanas, las puertas de la Iglesia Nueva del Arrabal (desacralizada pero utilizada como punto de salida procesional) se abren para dar paso a los hermanos ataviados con hábitos monacales blancos, ceñidos con soga de esparto y luciendo capucha en lugar del tradicional capirote. Esta singular indumentaria, que permite procesionar a cara descubierta, responde al espíritu fundacional de la hermandad en los años 70, cuando se consideró necesario «dar la cara» públicamente en testimonio de fe.

El cortejo, encabezado por una enorme campana doblando a muerto portada por doce cofrades, atraviesa el Puente Romano en una marcha solemne acompañada por el sonido de tablas, chascas, cuernos y los pasos cadenciosos de más de cien hermanos y hermanas de carga. El paso del Cristo del Amor y de la Paz y el de María Nuestra Madre, portada por un turno femenino de cien mujeres, ascienden por la empinada calle Tentenecio hasta alcanzar la plaza de Anaya.

Frente a la Catedral se celebra el acto penitencial y la emotiva oración por la paz, momento en el que se liberan palomas blancas como símbolo del compromiso pacifista de la hermandad. El recorrido continúa por la Rúa Mayor, Plaza Mayor y las calles más emblemáticas del casco histórico antes de regresar, ya de madrugada, al barrio del Arrabal tras más de seis horas de marcha penitencial.

Supervivencia histórica y avatares del templo

La devastadora riada de San Policarpo

El 26 de enero de 1626, el río Tormes sufrió una de las crecidas más catastróficas documentadas en la historia de Salamanca. La conocida como Riada de San Policarpo provocó una devastación sin precedentes: 142 personas perdieron la vida, más de 1.500 viviendas resultaron afectadas y numerosas infraestructuras vitales quedaron destruidas o seriamente dañadas.

El barrio del Arrabal, situado en la ribera del río, quedó completamente inundado. La furia de las aguas arrasó la ermita de Rocamadour, donde se refugiaban los peregrinos jacobeos que transitaban por la Vía de la Plata; el hospital de leprosos; las humildes casas que poblaban la zona; e incluso las mancebías situadas junto al río. El propio Puente Romano sufrió graves desperfectos en cuatro de sus arcos, debiendo ser restaurado durante el reinado de Felipe IV.

Sorprendentemente, esta pequeña iglesia de piedra sobrevivió al embate de las aguas, constituyéndose en una de las escasísimas construcciones próximas al río que resistieron la catástrofe. Esta supervivencia milagrosa, que los contemporáneos atribuyeron a la protección divina, reforzó la vinculación devocional de los habitantes del Arrabal con su vieja iglesia.

Sustitución de la ermita de Rocamadour

Tras la desaparición definitiva de la ermita de Nuestra Señora de Rocamadour por las continuas crecidas del Tormes, la iglesia del Arrabal asumió las funciones asistenciales que aquella había desempeñado. La ermita destruida, vinculada a la devoción jacobea y situada en la desembocadura del arroyo Zurguén, había servido durante siglos como hospital de peregrinos que transitaban hacia Santiago de Compostela por la Vía de la Plata.

La iglesia del Arrabal heredó esta tradición hospitalaria, convirtiéndose en punto de referencia para los romeros que se dirigían hacia tierras gallegas. Este vínculo con el Camino de Santiago explica la especial relevancia que el templo tuvo durante la Edad Media y el Renacimiento, cuando el flujo de peregrinos alcanzaba su máxima intensidad.

Abandono y recuperación en el siglo XX

A mediados del siglo XX, el templo presentaba graves problemas estructurales producto del inevitable deterioro causado por los siglos y la proximidad al río. Las humedades, las filtraciones y el mal estado general de conservación desaconsejaron su utilización litúrgica, por lo que fue clausurado al culto en los años 1950.

Para sustituir al viejo templo se construyó, a pocos metros de distancia, la Iglesia Nueva del Arrabal, obra del arquitecto y pintor Genaro de No inaugurada en 1952. Este nuevo edificio, de estilo moderno y mayores dimensiones, estaba llamado a ser la parroquia del creciente barrio trastormesino.

Sin embargo, la ironía histórica quiso que el templo nuevo presentara a su vez graves problemas estructurales y de humedades que desaconsejaron su uso continuado. En 2006, tras solo 54 años de actividad, la Iglesia Nueva fue desacralizada y actualmente pertenece al Ayuntamiento de Salamanca, que mantiene el proyecto de convertirla en Museo de Arte Sacro y Semana Santa.

Mientras tanto, el Ayuntamiento acometió en 2006 la restauración integral de la Iglesia Vieja, devolviendo a este venerable templo románico la dignidad y funcionalidad que merecía. La iglesia fue reabierta al culto el 23 de diciembre de 2006, con el traslado solemne de las imágenes del Cristo del Amor y de la Paz, María Nuestra Madre y la Virgen de la Encarnación desde el templo nuevo.

Curiosidades singulares

¿Por qué «Iglesia Vieja»? El apelativo de «Vieja» no responde inicialmente a su antigüedad, sino que surgió como denominación popular para distinguirla de la «Iglesia Nueva del Arrabal» construida en los años 50. Paradójicamente, lo que nació como simple distinción práctica terminó siendo rigurosamente exacto: la vieja iglesia románica del siglo XII sobrevive activa mientras la nueva construcción del siglo XX languidece desacralizada.

La procesión más fotogénica: La estación de penitencia de la Hermandad del Amor y de la Paz ofrece una de las imágenes más impactantes de la Semana Santa española. El momento en que el cortejo cruza el Puente Romano al atardecer, con los hábitos blancos recortándose sobre las aguas del Tormes y el perfil dorado de las Catedrales al fondo, constituye una estampa de belleza incomparable que ha sido captada por innumerables fotógrafos y artistas.

Una hermandad revolucionaria: La Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, fundada el 2 de febrero de 1971 por un grupo de jóvenes universitarios y obreros, supuso una auténtica revolución en la Semana Santa salmantina. Fueron los primeros en procesionar a cara descubierta, los primeros en incorporar a la mujer como hermana de pleno derecho (1972), y los primeros en España en permitir que un paso fuera portado íntegramente por mujeres (1985). Sus pancartas reivindicativas con citas bíblicas durante el tardofranquismo les valieron incluso detenciones policiales.

El «baile del paso»: Contra el estatismo tradicional de las procesiones castellanas, los jóvenes hermanos del Amor y de la Paz desarrollaron una forma dinámica de portar sus pasos, con movimientos ascendentes y cadenciosos que algunos denominaron poéticamente el «baile del paso». Este estilo procesional, que busca transmitir vitalidad y cercanía en la devoción, ha caracterizado durante medio siglo las salidas de esta hermandad.

La campana del Arrabal: La enorme campana que encabeza la procesión del Jueves Santo procede de la antigua parroquia del Arrabal y su tañido a muerto, portada por doce cofrades, crea una atmósfera de solemnidad única que estremece a quienes la escuchan resonar en el silencio de la noche.

Relación con otras iglesias: El Cristo del Amor y de la Paz presenta notables analogías escultóricas con el Cristo de la Fe de los Doctrinos y con el Cristo de la iglesia parroquial de Alaraz, lo que ha llevado a los historiadores del arte a plantear la hipótesis de un origen común o de la influencia de un mismo taller escultórico.

Un templo con múltiples nombres: A lo largo de su historia, esta iglesia ha sido conocida por diversas denominaciones: Santa María de Rocamadour (por su vinculación con la ermita desaparecida), San Esteban de allende la puente (denominación medieval que aludía a su situación extramuros), Santísima Trinidad del Arrabal (advocación oficial) e Iglesia Vieja (nombre popular actual).

Preguntas comunes

¿Se puede visitar la iglesia fuera de las celebraciones religiosas?

El templo no mantiene horarios regulares de apertura al público fuera de los actos litúrgicos y las actividades de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz. La mejor oportunidad para visitarlo es durante la Semana Santa, especialmente el Jueves Santo, cuando permanece abierto durante toda la jornada procesional. También es posible contactar con la Hermandad para concertar visitas en fechas señaladas o con motivo de actos culturales específicos.

¿Cuál es la relación entre la Iglesia Vieja y la Iglesia Nueva del Arrabal?

La Iglesia Nueva fue construida en 1952 para sustituir a la Iglesia Vieja, que presentaba entonces graves problemas de conservación. Sin embargo, paradójicamente, el nuevo edificio desarrolló a su vez serios problemas estructurales que llevaron a su desacralización en 2006, tras solo 54 años de actividad. La Iglesia Vieja, tras ser restaurada ese mismo año por el Ayuntamiento, recuperó el culto y actualmente es la sede canónica de la Hermandad. La Iglesia Nueva, propiedad municipal, se utiliza como punto de salida de la procesión del Jueves Santo y está previsto que albergue el futuro Museo de Arte Sacro y Semana Santa de Salamanca.

¿Cómo se accede al barrio del Arrabal desde el centro histórico?

La forma más emblemática y recomendable es cruzando el Puente Romano desde la zona de las Catedrales. El trayecto a pie no supera los diez minutos y permite disfrutar de vistas magníficas del conjunto monumental de Salamanca. Una vez atravesado el puente, la iglesia se encuentra en las inmediaciones, siendo fácilmente localizable. El paseo por la ribera del Tormes, especialmente al atardecer, constituye una experiencia muy gratificante.

¿Qué papel tuvo la iglesia en relación con el Camino de Santiago?

Tras la desaparición de la ermita de Rocamadour por las riadas del Tormes, la Iglesia Vieja del Arrabal asumió las funciones asistenciales que aquella había desempeñado durante siglos. El templo acogía y atendía a los peregrinos que transitaban hacia Compostela por la Vía de la Plata, ruta jacobea fundamental que atraviesa Salamanca. Esta tradición hospitalaria vinculó el templo con el fenómeno de las peregrinaciones durante la Edad Media y el Renacimiento.

¿Por qué la Hermandad del Amor y de la Paz procesiona con hábito monacal blanco?

El hábito blanco de tipo monacal, con escapulario y capucha (en lugar del tradicional capirote), responde al espíritu fundacional de la Hermandad en 1971. Los jóvenes fundadores, influidos por el Concilio Vaticano II y por el contexto social de los años 70, decidieron que era necesario dar testimonio público de fe procesionando a cara descubierta, sin el anonimato que proporcionaba el capirote. Esta decisión, entonces revolucionaria, se ha mantenido como seña de identidad de la cofradía durante más de cincuenta años.

¿Qué son las emparedadas que habitaron el templo?

Las emparedadas eran mujeres que, movidas por un fervor religioso extremo, tomaban la decisión voluntaria de retirarse del mundo para dedicarse exclusivamente a la contemplación divina. Vivían en celdas adosadas a las iglesias, en condiciones de total aislamiento y soledad, con apenas una pequeña abertura por la que recibían alimento y podían asistir visualmente a las celebraciones litúrgicas. Esta forma radical de vida religiosa, característica de la espiritualidad medieval, buscaba alcanzar la perfección espiritual mediante la renuncia absoluta al mundo.

¿Sobreviven otras construcciones de la riada de San Policarpo?

La riada de 1626 fue catastrófica para las construcciones situadas en las orillas del Tormes. La Iglesia Vieja del Arrabal es una de las escasísimas edificaciones próximas al río que sobrevivieron al embate de las aguas. La mayoría de las iglesias, ermitas, hospitales y viviendas del Arrabal fueron arrasadas o gravemente dañadas. El Puente Romano, con sus dos mil años de antigüedad, sufrió serios desperfectos en cuatro de sus arcos que requirieron una importante restauración posterior.

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